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DE TORRALBO A CORNETÍN DE ÓRDENES
Aun a riesgo de
parecer algo reiterativo,
quisiera enfocar el artículo
institucional de la Agrupación
de Cofradías para todas las
hermandades hacia las constantes
acometidas que está sufriendo la
religión católica desde todos
los frentes imaginables.
Cualquier lugar
es bueno para lanzar el ataque:
la plataforma publicitaria de un
autobús urbano; una chirigota;
una película; unos dibujos
animados para adultos; una
exposición fotográfica; una
columna de opinión de un
periódico; una gala del mundo
del cine… Pero no solo eso,
sino hasta un ministro del
gobierno; una normativa estatal
con rango de ley; la reforma del
sistema educativo; la retirada
de imágenes religiosas que han
ejercido el patronazgo sobre
instituciones desde tiempo
ancestral; modificaciones en
textos legales que despenalizan
ciertos supuestos de hecho;
exigencias administrativas que
no se requieren a ninguna otra
persona física o jurídica…
Y todo ello
amparándose en algunos derechos
constitucionales: libertad de
opinión; libertad de prensa;
laicidad del estado… Poco a
poco, están intentando, como ya
se jactaba cierta formación
política hace unos años, a
recluir la religión a las
sacristías.
Y como el
“enemigo” es ladino, controlando
los medios de comunicación
(prensa, tv, radio, foros de
interné…) nos hace ver que
dichas conductas están dentro de
la normalidad democrática. Y
cualquier reproche o protesta
que podamos realizar, la
revestirán de comportamiento
fascista, intolerante,
anacrónica y propio de la más
rancio y antiguo
conservadurismo, en la antípoda
de la progresía intelectual y
social de nuestro país.
El origen de las
cofradías, origen histórico,
debemos encontrarlo en plena
contrarreforma religiosa; el
riesgo de expansión de las ideas
luteranas que amenazaban con
infiltrarse en la sociedad de la
época, motivó la creación de las
hermandades para llevar al
pueblo la religión,
evangelizarlo y catequizarlo.
Hoy en día, por
supuesto, no estamos ante ese
riesgo; el que nos acecha es de
otra naturaleza: el relativismo,
el desalojar los valores
cristianos y católicos de
nuestra sociedad sin
sustituirlos por otros.
La lucha,
convenientemente mimetizada y
negada hasta más no poder, ya ha
comenzado. Debemos los
cofrades convertirnos en la
primera línea de defensa;
debemos aprestarnos con las
armas que tenemos a nuestro
lado: la oración; la caridad; la
formación; el ejemplo; la
familia; los valores
tradicionales, en pocas
palabras. Primero aprendamos
en nuestra hermandad los pilares
fundamentales de nuestra
religión; vivamos en fraternal
adhesión con nuestros hermanos
en la devoción a un cristo o una
virgen; traslademos esa
formación a la familia, la
iglesia doméstica; inculquemos
nuestros valores a nuestros
padres, hermanos, hijos,
cuñados, primos…y a
continuación, prediquemos con
nuestro ejemplo diario en los
ámbitos sociales: trabajo,
amistades, zonas y momentos de
ocio y esparcimiento. Pero
además de todo eso, las
cofradías deben mostrar su
adhesión, unión y lealtad con la
Agrupación y el clero, con el
Sumo Pontífice a la cabeza.
Las cofradías y
la Agrupación de Cofradías la
primera, como pretenden algunos,
no podemos limitarnos a las
procesiones; altares muy
barrocos con cera y flores;
estrenar y lucir bordados,
terciopelos y orfebrerías. A
eso es lo que nos tienta el
“enemigo”, a lo que intenta
subrogarnos, para que no
tengamos margen de acción, ni
podemos expresar nuestra voz ni
nuestro voto. Quizá debamos
convertir el toque de nuestro
torralbo (clarín de caballería
en sol) en un cornetín
castrense, que nos llame a filas
y a estar aprestados para el
combate. ¡Qué Dios y la
Santísima Virgen nos ayuden!
Ricardo Moreno Gómez
PRESIDENTE DE LA
AGRUPACIÓN DE COFRADÍAS
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